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El encendido de las luces de Shabat

El encendido de las luces de Shabat, más que una tradición visualmente simbólica, es una mitzvá profundamente cargada de significado espiritual y familiar. En el judaísmo netzarita —que reconoce a Yeshúa como el Mashíaj de Israel y a la vez permanece arraigado en la Torá y la tradición ancestral de nuestro pueblo— esta práctica se mantiene no solo como un legado cultural, sino como un acto de fe, orden y preparación espiritual. Encender las velas de Shabat en su horario y con diligencia no es una formalidad, sino una forma tangible de santificar el tiempo y acoger la presencia divina en el seno del hogar.


I. El origen y sentido del encendido de las luces

El Talmud (Shabat 25b) enseña que el encendido de las luces de Shabat tiene tres propósitos esenciales: shalom bait (paz en el hogar), oneg shabat (disfrute del Shabat) y kavod shabat (honrar el Shabat). No se trata solo de iluminación física, sino de crear un ambiente de calma, dignidad y espiritualidad en el hogar. Como enseñaron nuestros sabios, la luz es símbolo de claridad, de dirección y de la presencia de Hashem que separa lo sagrado de lo profano.


II. El horario: santificar el tiempo con precisión

El horario de encendido, tradicionalmente 18 minutos antes de la puesta del sol del viernes, marca un acto de sumisión al tiempo divinamente asignado. En el judaísmo netzarita, esto se interpreta como una señal de que no solo obedecemos los mandamientos, sino que lo hacemos con diligencia, anticipación y amor. Encender las velas a tiempo es una declaración de que nos preparamos activamente para recibir la Shejiná, la presencia de Hashem, y que no esperamos a que el mundo se apague para entonces empezar a santificar.

Como está escrito:

“Y llamó Elohim a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana, un día.” (Bereshit / Génesis 1:5)

Desde la creación, la Torá nos enseña que el día comienza con la caída del sol, y Shabat inicia precisamente con este umbral. Retrasar el encendido de las velas es postergar lo sagrado; anticiparse, es honrarlo.


III. El valor espiritual y familiar del acto

En muchos hogares judíos, el encendido lo realiza la mujer del hogar, cubriéndose los ojos y pronunciando la bendición. Este momento es un acto de kavaná (intención pura) que invita a la paz, la santidad y la unidad. Es una oportunidad para bendecir a los hijos, para hacer una pausa y preparar el corazón para el día del descanso y la comunión con Hashem.

El judaísmo netzarita valora profundamente este instante. Si bien reconoce a Yeshúa como el Mashíaj, no anula las mitzvot, sino que las fortalece en su intención. Como él mismo dijo:

“No penséis que he venido a abolir la Torá o los profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir.”

(Mateo 5:17)

Encender las velas es cumplir —no abolir—. Es continuar la fidelidad de nuestras madres hebreas y de las generaciones que, incluso en el exilio o bajo persecución, guardaron el fuego del Shabat en sus hogares y corazones.


IV. El testimonio del judaísmo netzarita

La observancia del encendido de las luces de Shabat en el judaísmo netzarita es una forma de declarar que nuestra emuná (fe) está basada en las raíces hebreas y no en sincretismos o asimilaciones. Mientras algunos grupos abandonan las costumbres de nuestros padres, el netzarismo las honra como expresión de una fe viva, profética y obediente. La luz del Shabat es una prefiguración del Olam Habá —el mundo venidero—, y encenderla con puntualidad es proclamar con nuestras manos que aguardamos la redención final.


Conclusión

Encender las luces de Shabat es mucho más que una tradición bonita; es una mitzvá que encarna orden, respeto, belleza y expectativa espiritual. Hacerlo en su tiempo es una señal de diligencia y honor hacia el día que Hashem santificó. Para el judaísmo netzarita, que vive la fe de Israel con la guía de Yeshúa, este acto es una afirmación del pacto, una antorcha encendida que conecta generaciones, y un gesto sencillo que transforma cada hogar en un pequeño santuario.

¡Que nuestras luces de Shabat nunca se apaguen y que iluminen nuestras almas por los méritos de Yeshúa HaMashíaj!

Rav Imanuel Ben Yosef

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